El río es un mundo lleno de espejismos y fantasmas, donde por la noche se oyen extraños rumores y se ven cosas que no existen y donde, como cuando uno atraviesa un cementerio, se tiembla sin saber por qué. Y el río es eso: el más funesto de los cementerios, un cementerio sin tumbas. […]
Pues tú has logrado ser el agua que forma el río de mi vida, rumores que susurran en mi oído ‘te amo’, el espejismo de mi felicidad y el fantasma de mi dicha. Tal vez no formes parte en mi mundo pero seguiré temblando por el sólo hecho de saber que existes. Eres el cementerio, donde yo quiero yacer por toda la eternidad.
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