24 jul 2010


¿Puedes sentirlo? Ésta es la mano que alguna vez tocó tu negra cabellera. Al cabo de cada segundo me rodea una terca neblina luminosa que reduce todo a una cosa sin forma ni color.
A los otros les queda el universo, a mí sólo penumbra. Aquellos labios tuyos que en un tiempo atrás fueron mi delirio ahora son un brevísimo pañuelo rojo que ondea en un adiós de sangre. Yo fui el arquitecto de mi propio destino, sin saber que mi camino pasaría por al lado del tuyo, como una parada de un ferrocarril, donde ves mil caras y cien pares de ojos que contar. Yo vi los tuyos color miel, que como un muchacho, a mis ojos les sonrió.

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