
Era de mañana pero el cielo se encontraba oscuro. Era uno de esos días donde te levantas preguntándote qué cosa peor podría pasarte. Entonces miles de gotitas heladas comienzan a caer directamente sobre ti de camino a la escuela. Te empapas, el viento te despeina, el agua entra en tu mochila mojando todo a su paso. Comienzas a temblar de puro frío y a maldecir en susurros a tu madre por haberte parido en semejante mundo.
Mientras te dispones a recordar insultos en diferentes idiomas algo te cubre con su sombra y te protege de la gélida agua. Un paraguas se dispone sobre tu cabeza y una sonrisa pura se te clava de lleno en la mirada. Alguien te extiende su mano apretujándote contra su cuerpo. El agua puede seguir cayendo a tu alrededor, pero el sol ha comenzado al fin a ponerse en tu día.
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