10 feb 2011


Era de mañana pero el cielo se encontraba oscuro. Era uno de esos días donde te levantas preguntándote qué cosa peor podría pasarte. Entonces miles de gotitas heladas comienzan a caer directamente sobre ti de camino a la escuela. Te empapas, el viento te despeina, el agua entra en tu mochila mojando todo a su paso. Comienzas a temblar de puro frío y a maldecir en susurros a tu madre por haberte parido en semejante mundo.

Mientras te dispones a recordar insultos en diferentes idiomas algo te cubre con su sombra y te protege de la gélida agua. Un paraguas se dispone sobre tu cabeza y una sonrisa pura se te clava de lleno en la mirada. Alguien te extiende su mano apretujándote contra su cuerpo. El agua puede seguir cayendo a tu alrededor, pero el sol ha comenzado al fin a ponerse en tu día.

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