27 feb 2012

La mala influencia del grupo.-

No existe la influencia buena. Toda influencia es inmoral... inmoral desde un punto de vista científico.
Porque influenciar a una persona es prestarle nuestra propia alma. No piensa ya sus pensamientos naturales ni arde con sus propias pasiones. Sus virtudes dejan de ser suyas. Sus pecados, si es que hay pecados, son de segunda mano. Se convierte en el eco de una música ajena, en el actor de un papel que no había sido escrito para él. El fin de la vida es el desenvolvimiento de la personalidad. Advertir nuestra propia naturaleza cabalmente, para esto hemos venido. Hoy los hombres se asustan de sí mismos. Han olvidado el más alto de sus deberes, el deber que uno se debe a sí mismo. Sí; son caritativos. Dan pan al hambriento y vestido al mendigo. Pero sus propias almas se mueren de hambre y van desnudas. El valor abandonó a nuestra raza. Quizá nunca lo tuvimos. El temor a la sociedad es la base de la moral; y el temor de Dios es el secreto de la religión: tales son las dos fuerzas que nos gobiernan.
Y sin embargo, creo que si un hombre se atreviera a vivir su vida plena y totalmente, a dar forma a cada sentimiento, expresión, a cada pensamiento, realidad, a cada ensueño... creo que el mundo cobraría de nuevo un ímpetu de alegría, que olvidaríamos todas las enfermedades del medievalismo y tornaríamos al ideal helénico... a algo quizás más bello, más rico el ese ideal.
Pero hasta el más audaz de nosotros tiene miedo de sí mismo. Cada impulso que luchamos por estrangular, germina en el espíritu y nos envenena. El cuerpo peca una vez y acaba con su pecado, porque la acción es una especie de purificación. Nada queda entonces, excepto el recuerdo de un placer o la voluptuosidad de un arrepentimiento. El único medio de librarse de una tentación es ceder ante ella. Resistan, y su alma enfermará de deseo por las cosas que se ha prohibido a sí misma, y de concupiscencia por aquello que sus leyes monstruosas han hecho ilícito y monstruoso. Se ha dicho que los grandes acontecimientos del mundo tienen lugar en el cerebro. En el cerebro también, y sólo en el cerebro, tienen lugar los grandes pecados del mundo.

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