
¡Es mentira! Nadie quiere ese tipo de libertad, todos nosotros queremos un compromiso, una persona que esté a nuestro lado para ver las bellezas de Ginebra, discutir sobre libros, entrevistas, películas o compartir un sándwich porque el dinero no da para comprar dos. Mejor comer la mitad de uno que comerlo entero. Mejor ser interrumpido por el marido que desea volver pronto a casa porque hay un importante partido de fútbol en la televisión, o por la mujer que se detiene delante de un escaparate e interrumpe el comentario sobre la torre de la catedral, que tener Ginebra entera para uno mismo, todo el tiempo y el sosiego del mundo para visitarla.
Es mejor tener hambre que estar solo. Porque cuando estás solo, y no hablo de la soledad que escogemos, sino de la que nos vemos obligados a aceptar, es como si ya no formases parte de la raza humana.
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